Hija del Nilo: Doria Shafik y el espejismo de los derechos
Hija del Nilo: Doria Shafik y el espejismo de los derechos
Figura central del feminismo egipcio del siglo XX, Doria Shafik fue progresivamente marginada de la historia oficial tras su confrontación con el poder político. Su reciente reaparición en investigaciones, archivos y prácticas culturales contemporáneas permite pensar su legado como una “memoria disonante”, en tanto cuestiona las narrativas dominantes y reabre debates sobre la relación entre feminismo, nación y modernidad. Recuperarla hoy implica una intervención crítica sobre el presente; su figura irrumpe allí donde los derechos de las mujeres continúan siendo postergados. Sus editoriales en Bint al-Nil constituyen hoy un archivo fundamental que nos permite repensar las tensiones entre feminismo, democracia y nación en el Egipto moderno. Este estudio se nutre también de una conversación sostenida con su nieta, Nazli Ali.
Estudio preliminar de Carolina Bracco
Traducción del texto de Doria Shafik de Nazli Ali
Imagen de portada de Federico Bonacorso
¿Serán un espejismo?
Bint El-Nil, noviembre de 1948, fragmento traducido por Nazli Ali
¿Se han convertido nuestros derechos en un espejismo que, al forzar nuestros ojos sedientos, no logramos encontrar? ¿Estamos obligadas a quedarnos atrás respecto a los pueblos del mundo porque cierto grupo hace oídos sordos a nuestras demandas? En Egipto, la rueda del tiempo gira a un ritmo asombroso: no tenemos una sino dos universidades, se están estableciendo institutos, los vagones de tren están siendo climatizados y los más altos colores de la civilización están entrando en la mayoría de los hogares. Contamos con abogados, médicos y soldados que nos apoyan en nuestro llamado a la igualdad con los hombres, al igual que los grandes líderes religiosos de Egipto.
Y, sin embargo, es la Cámara de Diputados la que se interpone en el camino de nuestras aspiraciones. Reúne a nuestra élite joven más educada, un grupo al que hemos expresado nuestro apoyo tanto en privado como en público. Ellos, a su vez, no han hecho ni un solo gesto hacia el reconocimiento de nuestros derechos. Sorprendentemente, la consideración por los intereses de las mujeres ha venido del Senado, no de los Diputados. La oposición de los senadores de mayor edad, provenientes de una generación distinta a la nuestra, podría haberse excusado. Sin embargo, seguimos desconcertadas ante la postura adoptada por nuestros jóvenes diputados.
Hemos presentado y exigido nuestros derechos de manera pacífica, con la confianza de quienes exigen, pero no suplican ser liberadas de sus captores. Hemos esperado -con la paciencia de una tortuga- a que los funcionarios dediquen una hora a nuestro asunto o quizá unas pocas, incluso junto a otro tan distinto como, por ejemplo, la excavación de un canal en uno de los pueblos de Qalyubia. ¿Acaso los derechos de la mitad de la nación no merecen al menos tanta atención como la que los hombres prestan al nombramiento de un alguacil en cierto distrito?…

Doria Shafik (1908-1975) fue una figura central del feminismo egipcio de mediados del siglo XX, cuya trayectoria combina militancia política, producción intelectual y una apuesta radical por vivir el feminismo como práctica cotidiana
Doria Shafik (1908-1975) fue una figura central del feminismo egipcio de mediados del siglo XX, cuya trayectoria combina militancia política, producción intelectual y una apuesta radical por vivir el feminismo como práctica cotidiana. Poeta, conferencista y sufragista escribió más de veinte libros en árabe y francés, fundó la organización y la revista Bint al-Nil (Hija del Nilo) y construyó redes internacionales en defensa de los derechos de las mujeres. Su presencia pública fue especialmente visible entre mediados de los años cuarenta y fines de los cincuenta, período en el que articuló una voz feminista combativa que exigía igualdad política, social y jurídica. Sin embargo, esa misma intransigencia -su negativa a aceptar dobles estándares, su disposición a decir la verdad al poder y su insistencia en una vida feminista no conciliadora- la convirtieron en una figura incómoda, progresivamente marginada tanto por sectores estatales como por distintos espacios políticos y sociales.
Desde su formación en Francia -que logró gracias a su propia iniciativa al contactar a la pionera feminista egipcia Huda Shaarawi- hasta sus disputas con instituciones educativas, organizaciones feministas y círculos políticos, Doria sostuvo una posición independiente que la dejó, a menudo, sin un espacio de pertenencia claro. Lejos de detenerla, esta condición la llevó a crear Bint al-Nil, que rápidamente se transformó en la plataforma para una nueva generación de mujeres profesionales y convirtió sus editoriales en intervenciones cada vez más directas y confrontativas. Durante la década de 1950 alcanzó proyección internacional como activista, liderando manifestaciones por el sufragio femenino, participando en debates públicos sobre el lugar de las mujeres en el islam y protagonizando huelgas de hambre que buscaban inscribir las demandas feministas en el centro de la agenda política. Para Doria, la cuestión de los derechos de las mujeres no podía separarse de la democracia; una democracia incompleta era, en sus propios términos, una distorsión vacía.

Portadas de la revista Bint al-Nil fotografíadas en el contexto de las actividades culturales realizadas en Egipto por el 50 aniversario de su muerte (2025). Cortesía de Nazli Ali.
El giro autoritario del Estado egipcio a partir de 1954 con la llegada de Gamal Abdel Naser al poder marcó el punto de quiebre. A pesar de que la Constitución de 1956 reconoció el derecho al voto femenino, lo hizo bajo condiciones restrictivas, mientras que el régimen avanzó en la intervención de la sociedad civil y la limitación de su autonomía. Doria denunció estas medidas y, tras su última huelga de hambre en 1957, fue puesta bajo arresto domiciliario, sus organizaciones fueron disueltas y su nombre eliminado del espacio público. Aislada, abandonada por gran parte de sus contemporáneas y sometida a una campaña de difamación, vivió en reclusión hasta su muerte en 1975. Sin embargo, incluso en ese silencio forzado continuó escribiendo. Su trayectoria -marcada por el ascenso, la exclusión y el borramiento- explica tanto el carácter disonante de su figura como la fuerza de su recuperación reciente; una memoria que, tras décadas de marginalidad, vuelve a emerger para interrogar las narrativas dominantes de la historia egipcia.
La memoria de Doria no desapareció por completo, pero durante décadas circuló en espacios marginales, lejos del reconocimiento público. Recordarla implicaba un gesto subversivo, una forma de resistencia frente a narrativas históricas dominantes que la habían excluido deliberadamente.
La memoria de Doria no desapareció por completo, pero durante décadas circuló en espacios marginales, lejos del reconocimiento público. Recordarla implicaba un gesto subversivo, una forma de resistencia frente a narrativas históricas dominantes que la habían excluido deliberadamente. En este sentido, la académica egipcia Hoda Saada sostiene que su legado puede pensarse como una “memoria disonante”: una memoria activada por una incomodidad afectiva ante la brecha entre experiencia y relato oficial, que se transforma en conciencia de injusticia y en deseo de reparación. No es casual que muchas investigadoras y activistas relaten su acercamiento a Doria como un encuentro fortuito, acompañado de sorpresa ante su ausencia en la historia oficial. La biografía de Cynthia Nelson, publicada en 1996, marcó un punto de inflexión en este proceso, aunque no sin generar controversias y resistencias incluso dentro del campo feminista, lo que evidencia hasta qué punto su figura seguía siendo conflictiva en la construcción de la memoria colectiva.
A partir de 2011, en el contexto posterior a la revolución egipcia, esta “memoria disonante” adquirió una nueva centralidad. En un escenario atravesado por ciclos de esperanza y desencanto, múltiples actores -investigadores, activistas, artistas- emprendieron una relectura del pasado reciente en busca de figuras y experiencias que permitieran pensar el presente. En ese movimiento, Doria reaparece no solo como objeto de estudio, sino como fuente de inspiración política y estética.

Nazli Ali con una bandera que lleva la imagen de su abuela en el primer aniversario de la revolución egipcia (25/1/2012). Foto de Wael Abed.
Iniciativas como el sitio web creado por la familia, la reactivación de Bint al-Nil por jóvenes feministas o la creación del Doria Feminist Fund, dan cuenta de un trabajo de memoria que implica una reapropiación afectiva y creativa, pero también una posibilidad para imaginar el futuro.
En una de las conversaciones que mantuvimos con Nazli Ali mientras pensábamos este artículo, ella señalaba que este movimiento se configura como un proceso paralelo entre lo privado y lo público. Durante décadas, fue recordada dentro del ámbito familiar principalmente como madre y abuela, mientras su dimensión como activista permanecía en un segundo plano, aunque nunca ausente.
En este proceso de recuperación, la dimensión íntima y familiar de la memoria de Doria resulta fundamental para comprender la complejidad de su reemergencia. En una de las conversaciones que mantuvimos con Nazli Ali mientras pensábamos este artículo, ella señalaba que este movimiento se configura como un proceso paralelo entre lo privado y lo público. Durante décadas, fue recordada dentro del ámbito familiar principalmente como madre y abuela, mientras su dimensión como activista permanecía en un segundo plano, aunque nunca ausente. Fue a partir de los años ochenta y noventa -en particular con la investigación de Cynthia Nelson- que ese archivo íntimo comenzó a abrirse, habilitando una relectura tanto hacia adentro como hacia afuera de la familia. Este desplazamiento se profundizó en los últimos años, en diálogo con su recuperación pública; hoy, señala Nazli, Doria está presente no solo como figura afectiva, sino como feminista, poeta, editora y referente política, en un proceso activo de revisitación de archivos, circulación de textos y celebración colectiva de su legado.

Exposición sobre Doria Shafik realizada en Egipto por el 50 aniversario de su muerte (2025). Cortesía de Nazli Ali.
Los diversos proyectos artísticos, académicos, militantes y culturales activados ponen de manifiesto que esta disonancia excede lo individual y se configura como una experiencia social y política, atravesada por memorias colectivas de derrota y trauma. En este marco, volver a leer y traducir a Doria Shafik, se inscribe como una intervención en el presente, capaz de abrir horizontes alternativos para pensar el futuro.

Carolina Bracco es politóloga por la Universidad de Buenos Aires y doctora en Culturas Árabe y Hebrea por la Universidad de Granada. Residió en El Cairo entre 2007 y 2011, donde realizó investigaciones sobre la representación de las bailarinas en el cine egipcio en la Universidad Americana de El Cairo y otras instituciones locales. Ha impartido seminarios sobre mujeres, feminismos y luchas anticoloniales en el mundo árabe en la Universidad de Buenos Aires. Actualmente investiga las relaciones políticas y culturales entre América Latina y el mundo árabe a través del cine.














