Traducir del árabe hoy: una conversación con Luis Miguel Pérez Cañada

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En este número de ARABLITe, Paula Santillán Grimm, quien tuvo la iniciativa de poner en marcha este proyecto, conversa con Luis Miguel Pérez Cañada sobre el lugar que ocupa hoy la traducción literaria del árabe en el ámbito editorial español y sobre las condiciones que hacen posible o dificultan que esas obras lleguen a quienes leen. Traductor de autores como Yabra Ibrahim Yabra, Abderahman Munif o Mourid Barghouti, su trabajo ha contribuido a la circulación en español de poesía, narrativa y literatura infantil procedentes de países árabes. La conversación aborda no solo los recorridos personales que llevan a la traducción, sino también las decisiones editoriales, económicas y tecnológicas que influyen en qué textos circulan y cuáles quedan fuera.  En un momento en que la inteligencia artificial “promete” “transformar” el trabajo de traducir, la entrevista abre preguntas sobre el valor del trabajo humano en la literatura y sobre cómo se configura hoy el acceso a otras tradiciones literarias desde el espacio editorial español.

Paula Santillán: ¿Cómo se fue configurando tu camino hacia la traducción literaria del árabe al castellano? ¿Responde a una decisión temprana o más bien a un recorrido hecho de encuentros y circunstancias?

Luis M. Pérez Cañada: Entre mis sueños de los diecisiete o dieciocho años, rondaba la imagen de envejecer en un pueblo alpujarreño, sin más ocupación que traducir literatura y cuidar de un huerto. Por supuesto, la lengua y la literatura árabe no formaban aún parte de mi horizonte, y mucho menos de mis sueños. La traducción como vocación y fantasía estuvo ahí desde el principio, pero no programé mis pasos ni mis estudios para llegar a convertirla en una de mis actividades principales. Fue, como bien dices, una suma de factores. Estudiar filología semítica en la Universidad de Granada abrió ese camino; recibir una ayuda a la traducción literaria me permitió ponerlo a prueba; los tres años como lector de traducción en la Escuela de Traductores de Tánger confirmaron su viabilidad; el doctorado en el Departamento de Traducción de la Universidad de Málaga supuso una reorientación; y la incorporación a la Escuela de Traductores de Toledo, incluidos los veinte años dando clases de traducción literaria en el Curso de especialista en traducción árabe-español, terminó de consolidarlo.

Entre mis sueños de los diecisiete o dieciocho años, rondaba la imagen de envejecer en un pueblo alpujarreño, sin más ocupación que traducir literatura y cuidar de un huerto.

PS: Desde tu experiencia, ¿qué recomendarías a quienes están pensando en dedicarse a la traducción literaria del árabe al castellano? Mirando atrás, ¿hay algo que habrías hecho de otra manera?

Suele ser recomendable formar parte de una asociación de traductores de libros como Acett; enviar informes de lectura a editoriales españolas o del centro y sur de América que puedan estar interesadas en publicar traducciones del árabe; no dejar de asistir a talleres, cursos y seminarios de traducción, incluso de otras combinaciones lingüísticas; convivir unas semanas con otros traductores, recurriendo a la red de Casas del Traductor; consultar la base de datos Taryamed.net para no repetir involuntariamente trabajos ya realizados; conocer bien los catálogos de las editoriales y a sus editores; y visitar, de vez en cuando, las ferias árabes del libro.

Esas son algunas de las cosas que he hecho y, ya metidos en faena, me gusta abrazar las soluciones de traducción que llegan por intuición; estudiar a los teóricos, darles las gracias y dejar que sus enseñanzas operen en segundo plano; leer las traducciones y los testimonios de traductores como Cansinos Assens, Aurora Bernárdez, Margarida Castells, Malika Embarek, Carlos Fortea, Maite Gallego, Teresa Garulo, Salvador Peña, Marta Rebón, Miguel Sáenz, Jaime Sánchez Ratia, Marcelino Villegas… Y no por difícil deja de ser irrenunciable adquirir una fuerte base filológica en ambas lenguas; aprender a comunicarse con naturalidad y fluidez en una lengua árabe vernácula, aunque eso implique desoír a quienes infravaloran los llamados dialectos; y leer kilómetros de estanterías de literatura en lengua española, fundamentalmente a los clásicos, tanto de España como de América. Esta última recomendación tal vez sea la única imprescindible, o al menos el requisito más importante.

PS: En los últimos tiempos, la inteligencia artificial ha empezado a incorporarse también al ámbito de la traducción. ¿Cómo valoras su impacto y qué efectos crees que puede tener en la traducción de literatura árabe al castellano?

LMPC: Me pregunto si estamos en un momento de transición. El Ministerio de Cultura de Catar ha enviado estos días una circular consultando la opinión de los traductores acerca de las bondades y la pertinencia de usar la IA en las traducciones que encarga su departamento de publicaciones. Ese cuestionario pregunta, directamente, si el lector puede detectar que la traducción no ha sido hecha por humanos, en qué medida afectará su uso a la tarifa, o qué porcentaje de la traducción sería aceptable realizar con IA. Si no estoy equivocado, en el ámbito de las traducciones técnicas este salto ya se ha dado.

Hay editoriales (árabes también, claro) que traducen con IA el 80% de las obras técnicas que publican. Con más o menos horas de trabajo de revisión, la IA podría sustituir a los traductores de obras científicas, textos de organismos internacionales, fichas de productos, sitios web, chat, llamadas, subtítulos. Sin embargo, y de momento, ese salto no se ha producido con el mismo impacto en la traducción literaria, y me gustaría pensar que no se va a producir. Un texto literario está hecho de materia creativa, de imaginación, intuición e inspiración personal. Ninguna de estas tres cualidades se da en la Inteligencia Artificial.

Un texto literario está hecho de materia creativa, de imaginación, intuición e inspiración personal. Ninguna de estas tres cualidades se da en la Inteligencia Artificial.

Hasta ahora, todos los intentos que he hecho de revisar una traducción del árabe hecha con una versión gratuita de IA me ha obligado a retraducir el pasaje. Más allá de las alucinaciones que sufre la máquina, la escasa calidad literaria del texto producido o la falta de homogeneidad en el estilo, las IA que he manejado dejan una impronta reconocible tan fuerte que es imposible editar el texto sin reescribirlo casi en su totalidad. En el caso de la traducción literaria del árabe, a día de hoy sigue siendo insuficiente (por ineficiente) el trabajo de post edición que algunos editores ya contratan para otro tipo de textos traducidos con IA. Se la desaconsejo al editor de literatura árabe traducida porque al coste de la revisión deberá añadir un menor número de ejemplares vendidos.

En el caso de la traducción literaria del árabe, a día de hoy sigue siendo insuficiente (por ineficiente) el trabajo de post edición que algunos editores ya contratan para otro tipo de textos traducidos con IA. Se la desaconsejo al editor de literatura árabe traducida porque al coste de la revisión deberá añadir un menor número de ejemplares vendidos.

Yendo un poco más a lo personal, la simple sospecha de que un producto (la cubierta de un libro, un cuadro, un meme, un texto…) ha sido creado con IA me produce repulsión, mi mente lo rechaza instintivamente. Y desde un punto de vista material, no veo cómo se justifica el cobro/pago de algo producido sin coste alguno, ni económico ni humano.

PS: Se suele señalar que la presencia de literatura árabe contemporánea en el mercado editorial en español sigue siendo limitada. ¿A qué crees que responde esta situación y qué podría favorecer una mayor publicación de autores árabes?

LMPC: El asunto es muy complejo y se escapa a mi comprensión. No obstante, no diría que las grandes editoriales españolas se resisten a publicar literatura árabe contemporánea, pues dudo que haya premeditación en ello. Supongo que es una simple cuestión de cuentas que hay que cuadrar y unos beneficios económicos que alcanzar. El mercado es enorme y los editores deben priorizar lo conocido o al menos aquello que les ofrece más garantías. Esta realidad nos debería hacer valorar, destacar y agradecer la enorme labor que hacen las pequeñas editoriales independientes y las asociaciones culturales que se animan a publicar traducciones del árabe, con un trato cercano y un buen hacer de artesanos, siempre al borde del cierre y con una visibilidad muy limitada. 

Si nos fijamos en las cifras, en España se publican alrededor de ochenta mil títulos nuevos cada año, de los cuales una cuarta parte son traducciones. Y de ellas, tan solo unas veinte obras literarias son traducciones directas del árabe. Para colmo de desgracias, este insignificante volumen de traducciones anuales del árabe apenas ha cambiado en las últimas tres décadas.

Si nos fijamos en las cifras, en España se publican alrededor de ochenta mil títulos nuevos cada año, de los cuales una cuarta parte son traducciones. Y de ellas, tan solo unas veinte obras literarias son traducciones directas del árabe. Para colmo de desgracias, este insignificante volumen de traducciones anuales del árabe apenas ha cambiado en las últimas tres décadas.

Un simple vistazo a las obras traducidas del árabe en España revela una suma inconexa de voluntades e iniciativas particulares de los traductores, que son mayoritariamente quienes animan a los editores. Eso y media docena de colecciones que irremediablemente, mueren y desaparecen antes de alcanzar la pubertad. La causa de esa escasez de obras quizá no sea achacable a los dos grandes grupos editoriales del país, sino al conjunto del mercado y las razones podrían ser muchas. 

En España, la literatura árabe y en general su cultura no están prestigiadas y valoradas como objetivamente merecen, y ahí nosotros tenemos mucha mies que cortar. Las propuestas de traducción del árabe que llegan a las editoriales son contadísimas. El interés de los lectores por los autores árabes es mínimo y, en consecuencia, mínimas son las ventas y los beneficios para el editor, que arriesga su capital. Las pequeñas editoriales independientes que publican traducciones del árabe son casi incapaces de colocar esos títulos en las estanterías de las librerías, no digamos ya en un escaparate, en un programa de radio, de televisión o en una reseña de prensa. Sin promoción no hay ventas. El editor debe encontrar la manera de cubrir los costes (derechos de autor, coste de la traducción, maquetación, impresión, distribución, promoción, etc.), lo cual no parece fácil.

En España, la literatura árabe y en general su cultura no están prestigiadas y valoradas como objetivamente merecen, y ahí nosotros tenemos mucha mies que cortar. Las propuestas de traducción del árabe que llegan a las editoriales son contadísimas. El interés de los lectores por los autores árabes es mínimo y, en consecuencia, mínimas son las ventas y los beneficios para el editor, que arriesga su capital.

Desde hace unos años, ha crecido el interés editorial en los países de habla hispana por la literatura árabe traducida, particularmente en México, Colombia y Argentina. Con pequeños ajustes de estilo las obras publicadas en España podrían replicarse allí, haciendo así más rentable lo invertido. A estos editores les será muy útil ARABLITe, o conocer el Leila Project y su lista de títulos árabes recomendados o subvencionados, o enviar sus candidaturas al Turjuman Award, que premia cada año a la mejor editorial extranjera de literatura árabe traducida, o participar en noviembre en la Publishers Conference de Sharjah y adquirir con ayudas los derechos de traducción de las últimas novedades editoriales, y también puede serles útil conocer las ayudas a la edición de traducciones que ofrecen premios árabes como el IPAF de Abu Dabi, Al Multaqa de Kuwait, o el premio Sheikh Hamad de Catar, entre otros muchos.   

PS: ARABLITe inicia ahora su andadura. ¿Qué recorrido te imaginas para este proyecto y qué temas crees que sería interesante que abordara en el futuro?

LMPC:
Es una gran noticia el nacimiento de ARABLITe. Tanto como lo fue en su día el nacimiento de la versión española de Banipal, cuya continuidad espero. Para los interesados en la literatura árabe contemporánea, ambos recursos han prestado un servicio muy valioso, que siempre agradeceremos. Os deseo mucha suerte y os auguro un viaje largo y lleno de aventuras. A los editores, traductores, periodistas, estudiantes, profesores y lectores en general, los animo a suscribirse, como yo. Muchas gracias por la entrevista.

A BOCAJARRO

Tu arabismo favorito: alcancía

Última palabra árabe que buscaste en el diccionario: الوَِرى

Última palabra española que buscaste en el diccionario: pasacaballo

Tu última lectura en árabe: تيسير السبول: رواية «أنت منذ اليوم»، 1968 

Tu última lectura en español: Miguel Casado: La belleza de la escritura, 2024 

Luis Miguel Pérez Cañada es traductor, profesor universitario e investigador, y fue director de la Escuela de Traductores de Toledo entre 2006 y 2017. En 2013 recibió el Premio Internacional de Traducción Abdullah Bin Abdulaziz por su labor como traductor y difusor de la lengua y cultura árabes, y en 2014 fue distinguido con la Orden de las Artes y las Letras del Estado Palestino. Ese mismo año, la Escuela de Traductores de Toledo, bajo su dirección, recibió también el Premio Internacional de Traducción Abdullah Bin Abdulaziz por su trabajo en la traducción y edición de textos árabes, la formación de traductores y la colaboración institucional a nivel nacional e internacional.


Paula Santillán Grimm es traductora y especialista en lengua árabe, licenciada en Filología Árabe por la Universitat de Barcelona y doctora en Lingüística Árabe por la Universidad de Granada. Se ha formado y ha residido en contextos arabófonos como Damasco, y ha impartido docencia en diversas instituciones en Europa, Estados Unidos y Marruecos. Ha trabajado como traductora de árabe e inglés al español, incluyendo colaboraciones con la sede de Naciones Unidas en Ginebra. Su trayectoria combina la traducción, la enseñanza del árabe y la mediación lingüística y cultural entre contextos arabófonos y el ámbito hispanohablante.