Una memoria poscolonial de la Guerra Civil: Cuando los montes caminen
Una memoria poscolonial de la Guerra Civil: Cuando los montes caminen
Andrea Villar del Valle en conversación con Youssef El Maimouni
Hablar hoy de memoria de la Guerra Civil implica moverse dentro de un campo cultural marcado por algunas constantes: el predominio de la estética realista, la labor ética de la reparación del pasado, la restitución de algunas de sus voces como forma de compromiso democrático y la centralidad de las víctimas en todo ello. En ese marco, ciertas figuras se consolidan como sujetos de reparación, mientras que muchas otras quedan —a veces muy justificadamente— relegadas a las zonas grises asociadas a la perpetración, y convertidas a menudo en presencias incómodas, o incluso caricaturizadas, en buena parte de la abundante narrativa sobre este período.
Cuando los montes caminen (2021), de Youssef El Maimouni, se sitúa en ese difícil espacio de los grises. La novela se centra en un colectivo —las llamadas “tropas moras”— tradicionalmente vinculado al franquismo, y grabado en el imaginario cultural como agente de una violencia extrema infligida sobre la población civil y, en particular, sobre las mujeres republicanas. Tal carta de presentación puede explicar, en parte, que hasta 2021 no se haya publicado en España una novela que explore la perspectiva de estos soldados alistados en filas sublevadas. Sin embargo, a estas tensiones se suma otra deuda histórica que proyecta su larga sombra sobre la memoria española y, sin duda, condiciona sus silencios: el colonialismo.
¿Dónde situar, en un movimiento centrado en las víctimas, a estas figuras perpetradoras? ¿Qué sesgos implica considerarlas solo como tales? Y, sobre todo, ¿qué hacemos con estas memorias contradictorias que desordenan los esquemas más arraigados de lo que entendemos como víctimas, una categoría casi por defecto reservada a los sujetos republicanos?
Este texto se plantea como una conversación con el autor en torno a esas incomodidades: sobre qué ocurre cuando lo colonial irrumpe en el marco reparador de la memoria, sobre los límites de la victimidad como categoría y sobre el lugar que puede ocupar la literatura en la elaboración —o el cuestionamiento— de estos pasados.
Andrea Villar del Valle
1P. En el campo de la memoria de la Guerra Civil, la figura del soldado marroquí ocupa un lugar incómodo. ¿Hasta qué punto Cuando los montes caminen nace como una intervención consciente en el marco memorialista y en sus formas dominantes de narrar este pasado?
De las novelas que he escrito y publicado CLMC es la que más relación directa tiene con mis primeros recuerdos y con la etapa en la que empecé a tener uso de razón. Conecta con mi memoria y con una suerte de memoria colectiva de dos rostros.
Crecí en Cataluña en los años ochenta, en un entorno donde la mayoría de los vecinos eran migrantes de otras zonas de España. Recuerdo que en aquellos años las referencias que recibía de Marruecos en España se reducían a la Guardia mora y a Hassan II; y en Marruecos todo era Franco y Felipe González.
Crecí en Cataluña en los años ochenta, en un entorno donde la mayoría de los vecinos eran migrantes de otras zonas de España. Recuerdo que en aquellos años las referencias que recibía de Marruecos en España se reducían a la Guardia mora y a Hassan II; y en Marruecos todo era Franco y Felipe González.
Mis padres tuvieron el acierto de enviarme todos los veranos a pasar toda la temporada en la sierra de Ahl Srif, que une Ksar el Kebir con Chefchauen (una zona maltratada por la colonización española y que vivió un éxodo masivo durante la guerra civil española). Los recuerdos veraniegos son los de un niño que prefería un cuento antes que los juegos grupales y sobre todo me chiflaban las historias evocadoras de los más mayores, aquellos que habían sufrido la guerra; sus batallitas me impresionaban y a ellos les encantaba; se trataba de aquellas historias que no se transmitían a los hijos, sino a nietos y bisnietos. Las veces que viajaba a Larache y Tetuán me sorprendía comprobar la cantidad de mutilados, lisiados y supervivientes de la guerra que descontaban los días en las plazas y en los cafetines recordando su pasado y lamentándose de las promesas incumplidas por parte del estado español. Luego, de regreso a Cataluña, el relato difería y todas las referencias que me llegaban referentes a los moros que participaron en la contienda, eran todas negativas, se les consideraba unos salvajes, y esta visión es la que ha perdurado en el imaginario. Con los años entendí que la historia que necesitaba para armar una novela la tenía justo ahí, pero para no reproducir ciertos relatos estereotipados debía alejarme de estas dos visiones de cada lado del Estrecho, investigar y aportar una nueva perspectiva, diferente al resto, de la macrohistoria al microcosmos.
2P. La figura del soldado marroquí en la Guerra Civil suele aparecer en la cultura española como perpetrador abstracto, sediento de violencia y sin ningún tipo de conciencia política. ¿Qué riesgos y resistencias encontraste al narrar la experiencia del protagonista, Yusuf, sin quedar atrapado ni en la victimización ni la demonización? En otras palabras, ¿cómo se abordan las zonas grises sin banalizar la implicación en la violencia?
En la novela existe un personaje principal y otros que le acompañan durante la travesía, pero no escribí pensando en construir un arco de unos héroes o antihéroes (o de unos villanos) que experimentan una epifanía y una revelación que les cambia la manera de ser y pensar. Yusuf no se representa a sí mismo, es un cuerpo que representa un imaginario, una forma de plasmar lo moro debatiendo el relato de la otredad, con él quise discutir ciertas ideas preconcebidas. La novela simboliza y retrata a un gran número de personas de carne y huesos que se vieron embaucados en una guerra ajena, de forma obligada, y por ello discuto a Madariaga que habla de la voluntariedad de las tropas moras para páginas después centrarse en casos concretos contradiciéndose a sí misma. Y al escribir sobre decenas de miles de personas me vi en la obligación de aportar no solo grises, sino una gama de caracteres. Puede parecer una obviedad, pero desgraciadamente las guerras existen y quienes participan en ellas hacen todo lo posible por regresar con vida.
La novela está salpicada de violencia y de sus simbolismos, desde las primeras páginas, hasta la última: la sangre de los animales degollados, la esclavitud en Marruecos, la autoridad marcial, el racismo entre las tropas del mismo bando, las masacres perpetradas a lo largo y ancho de la geografía, los trabajos forzosos, los pelotones de fusilamiento, las cunetas como cementerios, el hambre, el frío y los piojos, las violaciones, el regreso a casa después de una pesadilla que se enlaza con la siguiente… y Yusuf sirve para no caer en un pesimismo generalizado, es el contrapunto que ayuda a que no perdamos la esperanza en la humanidad, a que yo mismo no la pierda.
3P. Aunque forma parte de un colectivo perpetrador, Yusuf no comete ningún acto violento. De hecho, asiste con horror a diferentes escenas en las que sus compañeros ejercen la violencia. No es, por tanto, un perpetrador en sentido directo. En un contexto memorialista poco tolerante con la perpetración, ¿cómo planteaste la construcción del protagonista? ¿Crees que Yusuf sería un personaje menos “tolerable” si hubiera cometido alguna atrocidad?
Existen otras novelas bélicas o antibélicas en que aparecen personajes que sobreviven a la guerra sin pegar un tiro. O que lo hacen para defenderse, en un momento de clímax; existen los accidentales. Yusuf sí dispara. La vez que como narrador me detengo en ello, lo hace cerrando los ojos. No es el miedo a matar, es el temor por grabar en el recuerdo el rostro del cadáver que ha dejado en el camino. En otras situaciones se sobreentiende, en las que se encuentra en barricadas o con el enemigo a pocos metros, pero no me interesaba centrarme en las armas, en la violencia del cuerpo a cuerpo. En las guerras y en muchos conflictos armados incluso los niños son capaces de disparar, entra dentro de una lógica de supervivencia y de violencia gratuita, salvaje y deshumanizadora. Lo importante era mostrar que Yusuf, y tantos otros soldados, es utilizado como carne de cañón bajo las órdenes de unos pocos sádicos.
Yusuf forma parte de un todo. Con solo poner los pies en este lado del Estrecho, un niño sale corriendo a las faldas de su madre gritando que ha visto a un moro. Su sola presencia causa terror, es el hombre del saco, el protagonista de los cuentos infantiles que se narraban para asustar a los niños, como el relato del Moro Musa que todavía hoy sigue vigente en varias zonas de España. Además, Yusuf sí tiene comportamientos que se pueden categorizar como intolerables: pierde la virginidad con mujeres obligadas a prostituirse, roba, se alista voluntariamente, miente a sus seres queridos y no sufre por la muerte de su hermano ya que está enamorado de su cuñada.
Yusuf forma parte de un todo. Con solo poner los pies en este lado del Estrecho, un niño sale corriendo a las faldas de su madre gritando que ha visto a un moro. Su sola presencia causa terror, es el hombre del saco, el protagonista de los cuentos infantiles que se narraban para asustar a los niños, como el relato del Moro Musa que todavía hoy sigue vigente en varias zonas de España.
Por otro lado, estoy convencido que hoy la escribiría de otra forma; me centraría en las mujeres, en las moras, de las que nadie habla. Aquellas mujeres que estuvieron como enfermeras, comerciantes, cocineras y a las que obligaron a prostituirse. Y pondría el foco en los bebés que nacieron fruto de relaciones mixtas, abandonados en orfanatos o fallecidos en sus primeros días de vida.
4P. Más allá del peso de los discursos asentados y de la dificultad de modificar ciertos hábitos narrativos, ¿por qué crees que existe tanta resistencia a poner en tensión el marco de la victimidad republicana?
Si lo pensamos bien no hace tanto de ello, todavía hoy vivimos las consecuencias. Nuestra generación ha conocido a gente implicada durante la guerra. Además, Franco murió en la cama, casi cuarenta años de dictadura perpetuando un relato oficioso que legitimaba el alzamiento, la guerra y una concepción de patria que no admitía discusión. Los republicanos, y todo aquel que se considerase de izquierdas, silenciados, censurados, exiliados, asesinados.
Luego, de la Transición hasta hoy, existe un boom literario (alrededor de ochenta novelas al año ambientadas en la guerra), incluso, como suele ocurrir, una banalización y una intención clara por seguir tapando ciertas cuestiones incómodas.
Defiendo que aquello fue un golpe de estado seguido de una masacre, pero no por ello evito una de las cuestiones que más se ha obviado: el papel de la República respecto a las colonias. No solo se perpetuó la colonización, sino que se negaron reiterativamente a renunciar a ellas y tras el inicio de la guerra alimentaron los discursos de odio en prensa, en la cartelería que cubría las paredes, en los folletos lanzados desde avionetas, en los mensajes radiofónicos… Usaron todos los medios a su alcance, ocultando que dos años antes no tuvieron problemas en llamar a Franco y a los regulares marroquíes para sofocar la revolución asturiana del 34. Salvo ciertas facciones de la CNT, como el caso de Fragua Social, el relato generalizado era el común europeo; imperialista, racista, deshumanizador, maurofóbico en todas sus formas. Más tarde, cuando empezaron a percatarse de que perdían la guerra quisieron desdecirse, y aludían a cierta hermandad ficticia y ortopédica, pero ya era demasiado tarde. Y sí, es asombroso, incluso insultante, que la narrativa y la política española no debata sobre ello.
5P. Tratar lo colonial no implica introducir una perspectiva poscolonial, que, además, admite diferentes interpretaciones. De hecho, tu novela se publica en un momento de auge de otras que, situadas directamente en el escenario del Protectorado y con un compromiso explícito para con la labor de memoria, tienen por objeto la memoria española del colonialismo, aunque en algunos espacios se las ha definido como “poscoloniales”. Desde tu perspectiva como escritor, ¿te reconoces de algún modo en la etiqueta de “literatura poscolonial”, o te resulta insuficiente/problemática?
Entiendo la función de las etiquetas, pero como lector y escritor no me interesan, no las uso para acercarme a ninguna obra. Tampoco como marco conceptual o filosófico, no entra dentro de mi lógica de pensamiento creativo. Por ahora, mis obras se centran en dos cuestiones, planteo dos preguntas que son universales: ¿cómo vivir y cómo morimos? Dos vértices que entran dentro de cualquier género, arte, expresión…
Por otro lado, celebro que mis novelas sean acogidas para ampliar ciertos argumentos con los que comulgo. Parafraseando a Ngugi Wa Thiong’o cuando se le pidió una opinión por Memorias de África, de Karen Blixen, te diré que la mayoría de las novelas ambientadas en Marruecos y que alimentan una supuesta memoria sobre el Protectorado ya sea con tintes coloniales o poscoloniales, son racistas; también peligrosas, paternalistas, simplistas y no permiten que el lector pueda imaginar más allá de lo que está leyendo.
6P. En relación con ello, ¿qué opinas de la aparente necesidad de categorizar tu obra (y tu identidad autoral) con esta y otras etiquetas de carácter nacional? ¿Qué implica para ti a la hora de escribir y tener presencia editorial?
En cuanto a la presencia editorial es sencillo: en España es prácticamente imposible publicar si no cuentas con padrinos. Puede que una vez publicado resulte menos laborioso volver a publicar, pero las editoriales están muy pendientes de las tendencias y de los criterios comerciales, no tanto del pensamiento, que lo delegan en las traducciones.
Tengo muy claro que a mí me interesa escribir, no tanto ser escritor. Y sé sobre qué quiero hacerlo. Me abruma que exista media docena de lectores que estén pendientes y les agradezco tímidamente su interés. Más allá de esto, no puedo ni quiero controlar la vida que puedan tener mis obras ni las categorías que se les cuelga. Sé que mis novelas han accedido a ciertos programas universitarios y que se incluyen en diferentes cánones, desde lo literario a lo social, pero son recorridos que no dependen de mí, y mejor así.
Tengo muy claro que a mí me interesa escribir, no tanto ser escritor. Y sé sobre qué quiero hacerlo. Me abruma que exista media docena de lectores que estén pendientes y les agradezco tímidamente su interés. Más allá de esto, no puedo ni quiero controlar la vida que puedan tener mis obras ni las categorías que se les cuelga. Sé que mis novelas han accedido a ciertos programas universitarios y que se incluyen en diferentes cánones, desde lo literario a lo social, pero son recorridos que no dependen de mí, y mejor así.
Luego está la cuestión de la identidad, un debate que demuestra que nuestra sociedad está verde, no ha madurado al ritmo de otras que sí valoran de la misma manera, o incluso más, el contenido como el continente.
7P. Y en contraposición con otras formas de abordar el Protectorado, ¿qué puede hacer la literatura frente a los pasados coloniales que no pueden ser fácilmente “reparados”?
Traducir, traducir y traducir, no solo del inglés. Desconocemos el relato del otro lado. Más allá de Amin Maalouf, Fátima Mernisi, Edward Wadie Said apenas nos ha llegado el pensamiento árabe moderno. Y si nos centramos en el Protectorado, debido a un desinterés marcadamente interesado, no hay nadie en el horizonte que en España se lea con profundidad. ¿Qué sentido tiene escribir sobre un territorio sin intentar establecer lazos intertextuales con las narrativas que refutan tus tesis?

Andrea Villar del Valle es doctora en Estudios Lingüísticos, Literarios y Culturales por la Universitat de Barcelona (2025), donde desarrolló su tesis Hacia una memoria poscolonial: el Protectorado español en Marruecos y la novela de memoria en España (2009-2021). Su investigación se sitúa en el cruce entre los estudios de memoria cultural, la teoría poscolonial y la literatura contemporánea, y forma parte de diversos proyectos sobre las relaciones culturales entre España y el norte de África. Graduada en Traducción e Interpretación por la Universidad de Salamanca (2017), combina su actividad académica con la traducción editorial en sus ámbitos de especialización.

Youssef El Maimouni es escritor y educador social, es licenciado en Filología Árabe por la Universidad de Barcelona y cuenta con un Máster en Resolución de Conflictos por la Universidad Oberta de Catalunya. Actualmente compagina la dirección de un centro para jóvenes con su labor literaria. Colabora de forma habitual con la revista Masala y con Radio África Magazine.
Es autor de Cuando los montes caminen (Roca Editorial, 2021), considerada la primera novela sobre la guerra civil narrada desde la perspectiva de un joven marroquí. Su segunda obra, Nadie salva a las rosas (Roca Editorial, 2023), confirma su consolidación como un autor capaz de tender puentes entre las dos orillas del Estrecho. En marzo de 2026 se acaba de publicar la traducción al español de su última novela Què en diré del dia d’avui en Editorial JANDE.
