Rasha Omran, versos entre la plenitud y la catástrofe
Rasha Omran, versos entre la plenitud y la catástrofe

Hay una imagen de Rasha Omran, una imagen que cualquiera puede ver en internet con el simple gesto de escribir su nombre, una imagen que se instala junto a mí y me recibe, calmada, lúcida, sin ornamentos ni esperanzas vacuas. Se trata de una fotografía en blanco y negro tomada en Alemania en 2016. Recurro a ella buscando, antes que la observación, la pertenencia, la oportunidad de acceder, aunque sea por un instante, a algo que Rasha Omran parece saber y yo no.
Este retrato acompaña la solapa del poemario Panorama de mort i desolació, publicado en formato bilingüe por Éter Ediciones. Un libro que se publicó originalmente en 2014, editado por Dar Nun, y cuya vigencia, al azar de los últimos acontecimientos en la política siria, resulta indiscutible. Desde el título, la voz poética de Omran se declara observadora, dispuesta a mostrar un panorama que no ha dejado intacto el espíritu de quien se dispone a narrar. La muerte, esta forma de muerte violenta y arbitraria que recorrió Siria como una nefasta enfermedad, es lo irreparable. La desolación refleja la ruina y el desamparo, la soledad y la angustia, lo imposible de cualquier indicio de consolación. Todo esto y ni siquiera hemos abierto el libro. Una delicada composición de ochenta poemas donde la autora dibuja un recorrido por el horror, por su propia visión de lo terrible.
En ningún sitio dice que estemos en Siria. Pero el mismo año de la publicación original, Omran, que pertenece a la secta alauita que entonces gobernaba el país, publicó un artículo titulado La secta como patria, donde describía como un levantamiento pacífico se había transformado en un conflicto violento. La autora fundamentaba sus críticas al régimen y se mantenía alerta sobre el proyecto necropolítico de Al-Assad. <<Siria se ha transformado en una tierra de cementerios y muerte por los crímenes de un régimen que utiliza el sectarismo como herramienta de guerra>>, afirmaba.
Los primeros poemas de Panorama de mort i desolació nos sitúan en una casa y nos rodean de objetos cotidianos, muebles, ventanas, adornos afectados por el mismo aire de extrañeza que lleva el mensaje de una inminente destrucción. Los personajes que habitan los versos se encuentran literalmente desmembrados, enfrascados en una batalla diaria para restaurar el orden perdido. Junto a la dispersión del cuerpo masacrado encontramos una segregación metafórica del yo, un desplazamiento del centro del ser múltiple que habita la voz poética. Esta dislocación permite el ejercicio de verse desde fuera, la acción de desplegarse en el exterior de la crueldad que asola el país. Es casi una película de terror donde observamos algo nefasto a punto de suceder o recién sucedido, pero que nos ha dejado mudas y paralizadas de pánico, sin poder gritar, escabullirnos ni socorrer a nadie.
A pesar de todo, la mujer –imagino que es una mujer la mayor parte del tiempo– que protagoniza estas instantáneas de muerte y desolación tiene una vida. Una vida que resiste, a veces con la memoria y a veces con el engaño, a la barbarie. El poema 41 es un buen ejemplo. Los hombres que he estimado en mi vida / los muchos hombres que he estimado en mi vida: / los saco de la maleta roja debajo la cama / y los coloco ante mí, encima la mesa, / puestos en fila como fichas de dominó. Las estrofas sugieren un tipo de diálogo con otras autoras que nos han regalado esta mezcla de perplejidad y escepticismo para narrar el extraño vínculo entre el paso del tiempo y las relaciones íntimas. Carilda Oliver Labra, con Hombres que me servisteis aquel verano o Clarice Lispector, con La Pasión según G. H. Una voz algo descarada, algo descarnada, de una mujer que está de vuelta de tantas cosas y que aún así reconoce que el paso del tiempo no lo resuelve todo, que, de hecho, no resuelve casi nada. Y que la soledad es muchas veces una vieja hermana a la cual no soportamos con el paso de los años, aunque nos toque convivir con ella. La analogía con estas autoras contiene un deje sutil que no se puede describir como generacional dentro del terreno de la tradición literaria, pero sí desde la perspectiva histórica de una época que se deshace.
Desde el punto de vista de la poesía siria, el escritor palestino Raed Wahesh, siguiendo la clasificación de Khodor Al-Agha, ratifica la de Omran como <<la generación posterior al fracaso>>. Wahesh explica que Al-Agha habla del fracaso sirio más amplio, que empezó en los años sesenta y finalizó a finales de los ochenta. Considera que el valor esencial de esta generación es la experimentación. Por otra parte, en Jo soc vosaltres, Sis poetas de Siria (Godall Edicions, Pol·len y SODEPAU 2019) su editor, Mohamad Bitaria afirma: <<Rasha Omran, como poeta en esencia, es quien mejor representa el nexo de unión entre la generación poética anterior, la de los ochenta, y el presente>>.
La voz poética de Omran habla de los fantasmas de sus seres queridos, del horror cotidiano de las noticias, de la sangre que salpica las fotografías de los acontecimientos familiares. De una mujer que, cada vez que despide a su amante por la mañana, dobla el cubrecama blanco como si fuera una mortaja. De otra que encuentra su propio cuerpo apuñalado sobre el lecho. Una pantalla que muestra los restos de un niño, medio cochecito y un zapato. Alguien que prepara su tumba y se deshace de su corazón. Una poesía que nos invita a mirar el dolor de frente, a transitarlo y dejarse manchar por esa sangre, por esas vísceras, que son y no son las de nuestro propio cuerpo. El arte puede continuar siendo un vehículo para transmitir belleza, una manera de compartir y proteger nuestra fragilidad, pero no puede evadirse de la violencia y las guerras. Quizás era esta amarga certeza, aquello que ella parecía saber y yo no, lo que percibía en la fotografía en blanco y negro de Rasha Omran.
Vivi Alfonsín
POESÍA
Panorama de mort i desolació, Rasha Omran.
Edición bilingüe árabe-catalán. Èter Edicions (2023)
Traducción: Margarida Castells
Prólogo: Àngels Gregori
188 páginas
Esta reseña es una adaptación de la original publicada en catalán en el periódico La Directa. El verso que aparece ha sido traducido al castellano por la autora.

Vivi Alfonsín (Varna, 1977). Escritora. Ha publicado las novelas Mundo Zurdo y Ningún otro infierno te espera. Es autora de las obras teatrales Kleopatra o Infirmitas Sexus y Aguas Grises, y del ensayo Violence and death on the frontiers, publicado por Errant Journal. Es colaboradora habitual de medios de prensa y revistas de análisis social. Sus líneas de investigación incluyen procesos de creación colectiva enfocados a las artes escénicas en cárceles de mujeres, divulgación de la literatura palestina contemporánea y denuncia de la violencia contra las personas migrantes. Su trabajo propone una crítica feminista al racismo y las estructuras de la colonialidad. En 2025 recibió la beca Montserrat Roig de escritura para su novela High Cost Country.
