Desde México: relatos de la diáspora árabe
Desde México: relatos de la diáspora árabe
El siguiente extracto de El sarcófago maldito del rey fenicio de Sidón pertenece a la colección de cuentos Medio Oriente en México. Antología de escritores de origen árabe, una antología con textos de diez autores mexicanos de origen árabe editada por Rose Mary Salum y publicada por Literal Publishing (2024).
EL SARCÓFAGO MALDITO DEL REY FENICIO DE SIDÓN
por León Rodríguez Zahar
Había un bosque y un templo, lejos de cualquier ciudad…
apartado del camino, en la cima del Monte Líbano
y dedicado a la abominable diablesa llamada Venus-Astarté…
Eusebio (padre de la Iglesia).
En una mañana de 1887 el sol golpeaba de lleno sobre la playa de Sidón. El misionero presbiteriano, William Eddy de New Rochelle, Nueva York, tomaba el café resguardándose a la sombra del pórtico de la casona rústica de piedra; techo de teja roja a cuatro aguas. Una turba de chiquillos lo rodearon intempestivamente, sacándolo de su estado contemplativo. Tras calmarlos le pidió a uno de ellos, Beshara, que le explicara tanta algarabía. El jovencito estaba demasiado agitado y mezclaba el árabe libanés con el inglés mientras apuntaba insistente a una loma cercana: ¡Efendy William, efendy taala, taala, bi-sura, bi-sura, a tomb a tomb, malik, malik, king, king! Exasperado, el misionero se dejó arrastrar jaloneado por los niños a los que conocía pues esporádicamente les enseñaba inglés, fueran cristianos o musulmanes. Tras una caminata de unos diez minutos, dificultada por la playa pedregosa, el grupo llegó ante una excavación la cual se veía reciente y mal disimulada. Los rapazuelos habían apartado palmas secas con las que los saqueadores seguramente trataban de ocultar su descubrimiento.
El misionero hincó la rodilla para asomarse dentro del agujero y verse sorprendido por un rostro gris, sonriente, que parecía mirarlo fijamente. Pasó su mano sobre el granito, perfectamente tallado y pulido; un sarcófago de características egipcias. Además del tocado, eran fácilmente reconocibles las líneas verticales de jeroglíficos. En otra banda, en la parte inferior, se distinguían las letras fenicias incisas en líneas horizontales, leídas de derecha a izquierda. Sus estudios recientes de esa escritura le permitieron descifrar lo esencial, pertenecía a un tal rey “Tabnit, hijo de Eshmunazar”.
Emocionado levantó en brazos al flacucho Beshara cuya cabellera rubia ensortijada brillaba como el oro al ser tocada por el sol. Lo mejor que pudo, con su árabe-libanés escaso, explicó a los jovencitos que ese era un rey sidonio, un ancestro de ellos; debían sentirse muy orgullosos. Los rapazuelos preguntaban insistentes: ¿fi dhahab, fi dhahab? Él meneó la cabeza en sentido negativo: ¡no gold, no gold!
De inmediato despachó a Beshara y a sus amigos a que fueran a buscar al gendarme otomano que seguramente dormitaba en su lugar habitual bajo una palmera, no lejos de ahí. Pidió al resto de los jovencitos que permanecieran in situ y vigilaran el sarcófago mientras él iba presuroso a despertar a un amigo periodista inglés que, por casualidad, estaba hospedado en su casa.
Casi al mismo tiempo llegaron al lugar tanto el británico como el otomano. El primero llevaba una cámara con la que tomó algunas placas sin poder evitar que el gendarme posara en las fotografías junto con el misionero y algunos de los niños. Dos días después el Times publicaba un breve artículo con la fotografía y la declaración de Eddy: “…ruego a las autoridades del Museo Británico que de inmediato intervengan para asegurar estos tesoros y evitar que caigan en manos del vándalo Turco”.
El efecto del artículo fue opuesto a lo que esperaba el misionero. El director del recién establecido Museo Arqueológico de Estambul, el ingeniero Hamdi Bey, lo había leído y de inmediato organizó una expedición para embarcarse rumbo a Sidón. El gran visir le extendió una carta dándole todos los poderes para hacerse cargo de la excavación y de los posibles tesoros que emergieran. Alguien tenía que reclamar el descubrimiento y ese sería un otomano, no un europeo. Ya presentía que el hallazgo de un sarcófago de tal importancia apuntaba a una necrópolis real que podría contener valiosas piezas que competirían con los recientes descubrimientos en Mesopotamia y Egipto. Se aseguraría de despachar los hallazgos a su museo instalado dentro del propio palacio Top Kapi. ¡Por ningún motivo irían a parar a las atestadas galerías del Louvre o del British Museum!
León Rodríguez Zahar es ensayista y narrador. Miembro del servicio diplomático mexicano desde 1987. Entre sus libros más importantes destacan Arte islámico, evocación del Paraíso, doctrina, lenguaje y temas iconográficos (2008), Líbano, espejo del Medio Oriente (2004), La revolución islámica de Irán (1991), Arquitectura imaginaria y Taracea islámica y mudéjar (2000).
Rose Mary Salum es narradora, fundadora y directora de la revista digital Literal, Latin American Voices. Autora de los volúmenes de cuentos Tres semillas de granada (2020) y Donde el río se toca (2022), entre otros. De sus reconocimientos destacan el Premio Interamericano Carlos Montemayor y el ILBA. Es vocal de la Academia Norteamericana de la Lengua.
