Malika Embarek López: La literatura y la traducción demuestran la universalidad del ser humano
Malika Embarek López: La literatura y la traducción demuestran la universalidad del ser humano
Entrevista de Edith Maria Muleiro Smoyer
Desde hace más de tres décadas, Malika Embarek ha desempeñado un papel fundamental en la traducción de la literatura árabe al español. Su trabajo ha permitido a lectores hispanohablantes descubrir algunas de las voces más relevantes de la narrativa árabe contemporánea. Nacida en Madrid y con una trayectoria desarrollada entre España y Marruecos, está especializada en traducción literaria.
Su labor ha sido reconocida con algunos de los principales premios del ámbito de la traducción. En 2025 recibió el Premio Ibn Rushd de la Concordia; en 2017, el Premio Nacional a la Obra de un Traductor y el Premio Estado Crítico a la Mejor Traducción por Canción dulce, de Leïla Slimani; y en 2015 el Premio Internacional Gerardo de Cremona para la Promoción de la Traducción en el Mediterráneo.
Su publicación más reciente es Me llevaré el fuego, tercer volumen de la trilogía El país de los otros, de Leïla Slimani, editado por Cabaret Voltaire.
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EM: Cuéntenos cómo llegó al mundo de la traducción literaria del árabe al castellano. ¿Cómo ha evolucionado su forma de trabajar a lo largo de su carrera?
ME: Primeramente, me gustaría aclarar que me dedico a la traducción al castellano, mi lengua materna, de literatura magrebí de expresión francesa (Tahar Ben Jelloun, Edmond Amran El Maleh, Leila Slimani, Nina Bouraoui, Meryem Alaoui, Mohamed Serifi, Abdelwahab Meddeb, Mouloud Feraoun, Boualem Sansal, entre otros). Las veces que he traducido del árabe (Mohamed Chukri, Abdellah Laroui, Rachid Nini) lo he hecho siempre en colaboración, pues mi nivel de árabe clásico (fus-ha) es insuficiente.
Llegué al mundo de la traducción por mi amor hacia la literatura. Corrían los años ochenta y acababa de leer la novela Parcours immobile del añorado escritor marroquí judío Edmond Amran El Maleh. Coincidió que, en esa época, Fernando de Agreda, del Instituto Hispano-árabe de Cultura (la actual AECID) estaba recopilando textos para una antología de literatura marroquí y, sin más experiencia entonces que la de la traducción de cartas comerciales, me atreví con un fragmento, y se lo envié para su antología. A él le gustó, así que me animé a proponer la traducción de la novela entera gracias a un amigo muy introducido en el mundo editorial. Y, tras muchas peripecias, Recorrido inmóvil se publicó en 1989. Desde entonces, he hecho de la traducción literaria una continuación de mi amor por la lectura y la literatura.

Evidentemente, desde los ochenta del pasado siglo, en los que trabajaba con máquina de escribir y típex para las correcciones, han evolucionado los recursos de los que disponemos los traductores. El ordenador, por supuesto, y las inmensas posibilidades del procesador de textos: desde cambiar de sitio las palabras en un santiamén hasta realizar búsquedas para comprobar las repeticiones (son una de mis obsesiones), las muletillas, tanto del autor como mías. Los diccionarios online, el buscador Google, sin el cual ya no podemos trabajar. La profusión de bibliografía sobre teoría de la traducción, que ayuda a reflexionar sobre el propio trabajo. Los encuentros de profesionales, que han aumentado considerablemente desde que se creó la carrera de Traducción, inexistente cuando debuté en este campo. Y ahora aparece la IA que, bien utilizada, puede sernos útil, pero, a la vez, convertirse en una enemiga de la calidad de las traducciones. Pero lo que no ha cambiado nada, y que es imprescindible para realizar una buena traducción, es el amor por tu lengua materna, por la lectura y la literatura (como ya he dicho), y conocer bien la cultura y la lengua de llegada, y, sobre todo, en mi opinión, sentir empatía hacia el autor y el texto que se traduce.
Y ahora aparece la IA que, bien utilizada, puede sernos útil, pero, a la vez, convertirse en una enemiga de la calidad de las traducciones. Pero lo que no ha cambiado nada, y que es imprescindible para realizar una buena traducción, es el amor por tu lengua materna, por la lectura y la literatura (como ya he dicho), y conocer bien la cultura y la lengua de llegada, y, sobre todo, en mi opinión, sentir empatía hacia el autor y el texto que se traduce.
EM: ¿Opina que la traducción puede ser una herramienta de política y justicia social? ¿Cómo ve esto reflejado en su trabajo?
ME: Como mi actividad principal ha sido la traducción comercial y jurada, me he permitido elegir a la hora de realizar traducciones literarias. Mis autores (mayormente novelistas) son laicos, feministas y con unos valores de respeto a la diversidad, que comparto. Me gusta trasladar al lector en español esas voces libres de la orilla sur del Mediterráneo que permiten contrarrestar algunos prejuicios sobre el mundo de la cultura árabe e islámica que el fanatismo religioso ha contribuido a fomentar. La lectura, la literatura que transmite unos valores universales, desactiva la ignorancia que lleva al fanatismo y al desprecio del otro.
Y la traducción lo que consigue fundamentalmente es fomentar el acercamiento al otro, a la alteridad, a la diversidad. Lo que demuestra la literatura (y su traducción) es la universalidad del ser humano. En los clubes de lectura sobre los autores que traduzco, lo que me transmiten los lectores (sobre todo lectoras), muchas de ellas jóvenes, es precisamente esa existencia básica, más allá de la extrañeza que pueda provocar otra cultura, esa comunión con unos valores que demuestran la existencia de una identidad universal.
Y la traducción lo que consigue fundamentalmente es fomentar el acercamiento al otro, a la alteridad, a la diversidad. Lo que demuestra la literatura (y su traducción) es la universalidad del ser humano.
Cuando alguna vez, en alguna actividad cultural, alguien se me acerca y me dice que le gustó una traducción mía, me alegro mucho, pues si pude emocionar del mismo modo al lector de mi traducción como se emocionó el lector del original, estoy reafirmando, y me repito, la universalidad del ser humano…
EM: ¿Cómo influye su experiencia como mujer hispano-marroquí en sus traducciones de obras magrebíes de expresión francesa?
ME: Me cuesta diferenciar, cuando se habla de literatura o de traducción, la labor de un hombre de la de una mujer. En traducción y en la escritura, en general, creo que lo importante es sentir empatía, tener la capacidad de ponerte en el lugar del otro. No es necesario coincidir en género.
Cuando organizo talleres de traducción, suelo empezar con una cita de Michael Ignatieff, reciente Premio Princesa de Asturias de las Ciencias Sociales:
Los buenos traductores deben tener muy desarrollada la empatía (… ) Consiguen que los blancos lean a los negros, que los creyentes lean a los incrédulos, que las mujeres lean a los hombres y así sucesivamente (…) El placer, el reconocimiento, la identificación y todas las emociones que recorren al lector cuando lee una buena traducción proclaman la existencia de una identidad humana básica que supera todas las diferencias.
No creo que influya en la traducción, por ejemplo, en el caso de Leila Slimani, el que yo sea mujer y mestiza, como ella. Ahora, bien, reconozco que me identifico mucho con su origen similar al mío, ella francomarroquí, y yo, hispanomarroquí. Muchas de las situaciones de sus novelas las he vivido, pero no creo que eso sea necesario para traducir bien. Basta, como he dicho, con sentir empatía y con reconocer las peculiaridades de la literatura marroquí de expresión francesa, donde, tras la lengua del excolonizador, se oculta la cultura árabe e islámica, y la lengua materna árabe, la dariya (sin acceso a la escritura, o solo de modo experimental), y hay que tener en cuenta esa bi-langue, como la denominó Abdelkebir Khatibi.
No creo que influya en la traducción, por ejemplo, en el caso de Leila Slimani, el que yo sea mujer y mestiza, como ella. Ahora, bien, reconozco que me identifico mucho con su origen similar al mío, ella francomarroquí, y yo, hispanomarroquí. Muchas de las situaciones de sus novelas las he vivido, pero no creo que eso sea necesario para traducir bien. Basta, como he dicho, con sentir empatía y con reconocer las peculiaridades de la literatura marroquí de expresión francesa, donde, tras la lengua del excolonizador, se oculta la cultura árabe e islámica, y la lengua materna árabe, la dariya (sin acceso a la escritura, o solo de modo experimental), y hay que tener en cuenta esa bi-langue, como la denominó Abdelkebir Khatibi.
EM: ¿Cómo ha sido el proceso de traducir la trilogía de Leila Slimani? ¿Cuáles han sido los principales desafíos y éxitos a lo largo del proceso?
ME: Ante todo, debo decir que mi empatía con la autora es enorme, no solo por el mencionado mestizaje biológico y cultural similar al mío. La admiro por ser valiente, progresista y libre, y siento afinidad con sus valores.
Desde el punto de vista de la traducción, para mí ha sido fascinante seguir el recorrido de los personajes y los lugares a lo largo de los tres tomos. Es la primera vez que traduzco una trilogía y había que mantener una coherencia en el modo de traducirlos, transliterarlos, para que apareciesen del mismo modo en toda la saga familiar. Leila Slimani tiene una capacidad extraordinaria para narrar, y cuando un autor escribe bien, se traduce bien. Pone en manos del traductor una facilidad enorme para integrar los personajes , lugares, situaciones en otra lengua.
Desde el punto de vista de la traducción, para mí ha sido fascinante seguir el recorrido de los personajes y los lugares a lo largo de los tres tomos. Es la primera vez que traduzco una trilogía y había que mantener una coherencia en el modo de traducirlos, transliterarlos, para que apareciesen del mismo modo en toda la saga familiar. Leila Slimani tiene una capacidad extraordinaria para narrar, y cuando un autor escribe bien, se traduce bien. Pone en manos del traductor una facilidad enorme para integrar los personajes , lugares, situaciones en otra lengua.
Además, como las obras se desarrollan en Marruecos, tuve la oportunidad de aplicar mi estrategia de traducción de la literatura marroquí, consistente en sustituir algunas palabras de la cultura árabe e islámica, o los términos transcritos de la lengua árabe dariya al francés, por arabismos existentes en la lengua española, algunos de ellos arcaicos. Por ejemplo: tapis de prière, almozala; serpillère, aljofifa; pressoir, almazara; youyous, albórbolas; table en cuivre, ataifor de cobre; haïk, jaique; moqaddem, almocadén; muezzin, almuédano; o henné, alheña.
El reto, con la escritura de Leila Slimani, es similar al de cualquier otra obra: intentar equilibrar las dos formas principales de aproximarse al texto: familiarizar o extranjerizar, lograr la dosis adecuada para que el lector se crea, no que la traducción parezca escrita por un español, sino que traslada a otro mundo, pero escrito en español.
EM: ¿En qué proyectos está trabajando actualmente o le gustaría trabajar?
ME: Estoy terminando la traducción de las memorias carcelarias de Mohamed Serifi Villar, Le ciel carré (Bajo un cielo cuadrado), que publicará una pequeña editorial, Nota al margen, que se estrena en el mercado. El autor fue alumno mío en la Facultad de Letras de la Universidad Mohamed V de Rabat. Privado de libertad durante dieciocho años, relata los “años de plomo” durante el reinado de Hassan II, que los jóvenes de hoy deben conocer, y también cuenta la presencia de los republicanos españoles que se exiliaron a Tánger, durante la Guerra Civil, entre estos, su propia madre. Es un texto muy emocionante, y ha sido una experiencia que me ha aportado mucho, porque, como el autor domina la lengua española, hemos revisado la traducción juntos, incluso ha ido incorporando cosas sobre la marcha. Será una versión distinta del original.
Me gustaría traducir poesía.
A BOCAJARRO
Tu arabismo favorito: Albórbolas
Última palabra árabe que buscaste en el diccionario: Busqué en un diccionario de árabe dariya la palabra:
طيفور
Última palabra española que buscaste en el diccionario: extrañar / extrañamiento
Tu última lectura en árabe: Anthologie de la poésie gazaouie d’aujourd’hui, traducida del árabe al francés por Abdellatif Laabi.
Tu última lectura en español: Benjamin y la traducción, de Esperança Bielsa y Antonio Aguilera.

Edith Maria Muleiro Smoyer es antropóloga lingüista formada en Filología Árabe por la Universidad de Texas en Austin, con un Máster en Antropología de Orientación Pública (MAOP) por la Universidad Autónoma de Madrid, completado en 2026. Su trabajo fin de máster, «El aprendizaje de árabe en la comunidad palestino-chilena: la resignificación de la resistencia«, indaga en la enseñanza y el aprendizaje del árabe dentro de la comunidad palestino-chilena, a partir de una etnografía en curso inciado en 2024 en Santiago de Chile bajo una beca Fulbright, en colaboración con el Centro de Estudios Árabes Eugenio Chahuán. Próximamente se incorporará al Instituto de Lengua, Literatura y Antropología en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) mediante una beca JAE ICU Intro. Su trabajo se mueve entre la migración, los procesos de identificación, y la lengua.
