Maneras de ser Palestina. Antología de nuevas poetas

10 de noviembre de 2025

Este otoño ve la luz Maneras de ser Palestina. Antología de nuevas poetas, de Luz Gómez, en Ediciones del Oriente y del Mediterráneo.

La antología reúne a quince poetas palestinas «postintifada», como las define la propia Luz Gómez. En el prólogo, la editora y traductora sitúa estas voces dentro de la historia literaria palestina y nos advierte que «en Palestina, la poesía no es un adorno, una baratija de quita y pon». El recorrido se abre con Ghada Shafii, quien publicó su único libro en 1999, y se cierra con Batool Abu Akleen, poeta de veinte años nacida en la Gaza del bloqueo y de las sucesivas ofensivas hasta el genocidio en curso. El volumen traza así un cuarto de siglo de poesía palestina escrita por mujeres.

A continuación se presenta un extracto de la antología: dos poéticas y dos poemas de Maya Abu Al-Hayat y Neama Hassan.

MAYA ABU AL-HAYAT

Nacida en Beirut en 1980, de familia de Nablus y del Líbano. Licenciada en ingeniería civil. Es novelista, traductora, actriz y guionista de televisión. Se ha ocupado de literatura infantil. Vive en Jerusalén. Ha publicado las colecciones de poesía Lo que ella dijo de él (2007), Aquella sonrisa… aquel corazón (2012), Ropa de andar por casa y guerras (2015) y El libro del miedo (2021).

POÉTICA

Para mí la poesía ha sido y sigue siendo una especie de grito, como si estuviera pidiendo ayuda. A mi alrededor suceden cosas que sobrepasan mi imaginación. La poesía me permite descubrirlas y hacerme con ellas, no por nada, con un fin preciso, sino para aguantar.

No siento que haya mucha diferencia entre antes y después del genocidio. Todo ha estado siempre mucho más allá de toda descripción. Para mí la muerte de un joven es la muerte de cuanto ha existido y existe, por más que el mundo aún crea en cifras y dimensiones, como si eso significara algo.

7 de mayo de 2025

NO ES FÁCIL SER PALESTINO

No es fácil ser joven aquí:
siempre se te vigila,
siempre eres sospechoso.
Tus amigos te toman por un hombre,
tu familia por un niño,
y los soldados por un arma.
Tienes que demostrar a todo el mundo que tú eres otra cosa
o que eres ¡todo eso!
Es muy difícil ser adolescente
hombre
mujer
enfermo mental
sordo
corto de vista
cabezota
valiente
cobarde
hasta ser padre
hijo
madre
hermana
maestro
albañil
o dueño de un carrito de chuches.
Es muy difícil ser pastor
o una poeta
o periodista
o youtuber
perro o gato, tortuga, tiburón.
Es muy difícil ser un olivo
o un manzano
cardo, chumbera o malva,
volar igual que un pájaro, una paloma o un canario,
ser algo material, como una piedra
una ventana
un Fiat o un Mercedes,
pobre o rico
de Yenín o de Gaza
amante o casado, parado o en activo.
Es muy difícil
ser refugiado
ser de Haifa o de Jerusalén
vivir en Siria o en Ammán.
Y por más que discutamos de todo eso
y en todos los festejos nacionales comamos maqlube,
sabemos a ciencia cierta
¡que es muy difícil
ser palestino!

NEAMA HASSAN

Nacida en 1980 en Rafáh. Vive en Gaza. Autora de tres novelas. Es trabajadora social y ha publicado la colección bilingüe árabe-francés Sé tú Gaza (2025), que recoge textos escritos entre octubre de 2023 y noviembre de 2024.

POÉTICA

No sé quién se saldrá con la suya, si la guerra o yo. Pero igual que se hace con un sueño que quizá no se cumpla, lo voy a contar por si acaso, para que algún día, conmigo o sin mí, eche a volar.

Quiero leer poesía por las plazas de todo el país, el país en toda su extensión. Mirar los mil colores de edificios y jardines e improvisar poemas lejos de los escombros.

… Alimentar a los pájaros con migas de pan (hablar del pan abre el apetito de los poemas) en un país donde no haya hambre. Ser la Mona Lisa de un cuadro fugaz, sonriendo con ese misterio inescrutable, en lugar de aguardar la muerte en el cielo de este cuadro.

Quiero escalar, descender, caerme, saltar al vacío de la mano de la vida, como en una loca aventura, en lugar de temer ser olvidada bajo los cascotes.

Disfrutar de las canciones de moda… Escuchar a Fairuz y acudir a grandes teatros. Reírme como una muñeca de inteligencia artificial que el mundo cree alegre.

La multitud aplaude, yo aplaudo, sin saber si hay motivo para sobrevivir o vencer.

Y luego regresar a Gaza y no tener que soplar para calentar la tetera en el infiernillo, ni guardar una larga cola para hacer mis necesidades. Pero hasta aquí llega el sueño.

La poesía en la guerra te traiciona. O te crees el absurdo de la escena o te pones a hacer fotos en todas direcciones que te matan.

Sacudo la poesía

la patria cae

y mis penas y yo

flotamos sobre el país

como una canción.

31 de mayo de 2025

AL EMPEZAR LA GUERRA ESCRIBÍ MI TESTAMENTO

Siempre estoy aplazando mi testamento. Creo que aquí la muerte acecha a todo el mundo. Ella aguarda a que acabe mi confesión para abalanzarse sobre mí. No es que le tenga miedo y pretenda evitar el choque: el testamento es mi plan de supervivencia.

Puede que suene cínico en medio de tanto llanto y tanta tristeza, pero me gusta el sabor de Gaza, es pura delicia en mi boca y hace que desee con todas mis fuerzas vivir en su sal.

La sal está tan cotizada dice la abuela, que ahora se vende para las canastillas de novia.

Toda Gaza se vende para una canastilla que yace bajo los escombros, sin que la novia tenga nada que decir: la mataron con su vestido blanco.

Algo esconde Gaza en sus misteriosos pliegues que hace que nos aferremos a una vida que no es vida.

Siempre he intentado estar a bien con la muerte. He urdido un plan para distraerla y que aguarde: quizá así se aburra y se largue y me deje con mis despojos, todos somos despojos aquí. Solo el ángulo desde el que se hace la foto determina si estamos debajo o encima de los cascotes.

En Gaza hay que esperar para todo, es algo que se aprende en las guerras.

Creo que yo nunca habría hecho cola por mí, pero aprendí a hacerla por mis siete hijos.

Ahora que en Gaza se hace cola para morir, inevitablemente me llegará el turno.

Jamás he intentado saltarme una cola, pero no sé estarme de pie y callada, es superior a mis fuerzas, no soy una mujer que crea que hay que ser modosa para sobrevivir… Me veo empujada a gritar y empujada a callar, mis hijos me cuelgan de la cintura para que les dé un trozo de pan, y la muerte tironea de mí hacia ella.

Yo me resisto.

Detesto la muerte y el orden y detesto las colas. Amo la vida, pero el polvo de los cazas hace que no sepa qué camino conduce a ella.

Una vez mi madre me contó el éxodo de mi abuela y los suyos. Dijo:

Mi madre cavó un hoyo y nos metió en él a mis hermanas y a mí, y luego se tumbó encima para protegernos de la muerte.

Hay muchos boquetes ahora en Gaza abiertos por los misiles, pero no hallo uno en el que meter a mis hijos para que la muerte no los alcance.

He olvidado lo que iba a decir sobre mi testamento.

Lo único que quiero es probar a vivir, yo y mis hijos. Quiero saber cómo se vive sin miedo al futuro… Pero el futuro está preso, y cada vez que levanta la cabeza, una guerra lo mata.

No sé cuándo el trigo aprendió a hacerse fusil y cómo el mundo se ha convencido de que hemos aprendido a ser muertos.

Lo que yo sé es que a mis hijos y a mí se nos da bien la vida… Y que no me iré dejando una última foto para que el mundo llore y olvide… Porfiaré dondequiera que vaya y sonreiremos a la cámara.

Desde pequeña me ha encantado jugar al escondite. Quiero que mis hijos jueguen y que al abrir los ojos vean a sus amigos sin sudario.

A menudo me paro a observar sus dedos. Me admira lo finos, largos y bellos que son. Nunca se me ha ocurrido escribir sus nombres en ellos, así la muerte pasará de largo (yo siempre los reconocería).1

Siempre he soñado con sentarme en un café del otro lado del país, fumarme un cigarrillo y que me dé por coquetear con un desconocido, aunque este país prohíba el amor.

Así pues, dispongo, es mi última voluntad, que se reparta una cajetilla de cigarrillos por la salud de mi alma, y que un tipo guapo dirija mi oración fúnebre sin que los presentes cuchicheen.

En toda mi vida no he visto sino aviones de guerra sobrevolando esta tierra.

Qué limpio debe parecer el mundo desde la ventanilla de un avión, estando una bien sentada, con todas las comodidades de una mujer que va de un lugar a otro para satisfacer su pasión de viajar.

Quiero que mi hija disfrute coleccionando fotos de viajes y que las envíe a domicilios que la guerra, en un instante, no deje sin dirección.

Mi otra hija, la pequeña, está aprendiendo a diseñar ropa.
¿Qué pasaría si en la calle al-Rimal se celebrara un desfile sin telas de sudario?
Otro acontecimiento internacional sería celebrar un Mundial en Gaza: participarían todos los pies amputados…los únicos que conocen el mapa completo del país.
Justo ahora oigo cánticos en la rotonda sin que el ruido de los drones interfiera en la ceremonia.
Es la patria en todo su esplendor asistiendo a un funeral.
Os dejo en herencia la vida.
Nosotros morimos sin que la vida nos haya conocido.
Aquí reposo, sin miedo al fusil, quizá algún día aprenda a ser fusil.

Luz Gómez García es profesora universitaria y es reconocida, sobre todo, por su labor como traductora de Mahmud Darwish al español. Ha traducido más de dieciséis libros del poeta, entre ellos ¿Por qué has dejado solo al caballo? y Como la flor del almendro o allende. Poesía escogida (1966-2005). Por su traducción de En presencia de la ausencia (Pre-Textos, 2011) recibió el Premio Nacional de Traducción.

  1. Alusión a la práctica de las madres palestinas de escribir los nombres de sus hijos en distintas partes del cuerpo para reconocerlos en caso de que sean despedazados por un bombardeo israelí.
    ↩︎